Un aroma a nardo
Juan: 12 Seis días antes de la Pascua, Jesús llegó a Betania, donde estaba Lázaro, a quien había resucitado. 2 Allí le ofrecieron una comida; Marta servía y Lázaro estaba entre los que comían con él. 3María tomó medio litro de un perfume de nardo puro muy caro, lo derramó sobre los pies de Jesús y se los secó con su cabello; la casa se llenó del aroma del perfume. 4 Uno de sus discípulos, Judas Iscariote, [hijo de Simón], el que iba a traicionarlo, dijo: 5 «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?» 6 No decía esto porque se preocupara por los pobres, sino porque era un ladrón y, como llevaba la bolsa, se quedaba con lo que se ponía en ella. 7 Entonces Jesús dijo: «¡Déjala! Ella ha guardado este perfume para el día de mi sepultura. 8 Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis».
- Jesús interpreta este gesto como una anticipación de su muerte y su sepultura: «Deja que ella guarde este perfume para el día de mi sepultura» (Juan 12:7). El perfume, utilizado tradicionalmente para embalsamar a los muertos, simboliza aquí la preparación de Jesús para su Pasión y su resurrección.
Al derramar el perfume sobre los pies de Jesús y secárselos con su cabello, María adopta una actitud de humildad y arrepentimiento. Los pies son una parte humilde del cuerpo, y este acto recuerda también la tradición bíblica según la cual lavarse los pies es un gesto de servicio y humildad (como haría Jesús más tarde con sus discípulos).
En la tradición bíblica, la unción con aceite o perfume es un gesto relacionado con la consagración de reyes y sacerdotes. Al ungir a Jesús, María reconoce implícitamente su realeza mesiánica, aunque este acto se realice en la intimidad y no en un acto público.
