La autoridad plena y absoluta del Papa y de la Iglesia católica
La Iglesia ya estaba ahí antes que nosotros. Y seguirá estando ahí después de nosotros. También le debemos el haber transmitido la palabra de Cristo a lo largo de los siglos hasta llegar a nosotros.
Cristo fundó su Iglesia sobre Pedro diciéndole: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mateo 16, 18). Como sucesor de Pedro, el Papa es el garante de la unidad y de la verdad de la fe.
El Concilio Vaticano I (1870) reafirmó su infalibilidad en materia de fe y costumbres, no por su propia perfección, sino porque el Espíritu Santo preserva a la Iglesia del error. Obedecer al Papa es reconocer al mismo Cristo, que quiso una Iglesia única y visible.
Como recuerda el Catecismo, «el Sumo Pontífice es el principio perpetuo y visible de fundación y unidad de la Iglesia». Esta obediencia, lejos de ser ciega, es un acto de confianza en la promesa divina. Cada fiel está llamado a rezar por él, a meditar sobre sus enseñanzas y a vivir esta comunión como un don de Dios para su pueblo.
La asociación Tibériade trabaja en comunión con la Iglesia. No puede, en modo alguno, ayudar ni apoyar a movimientos, comunidades u organizaciones que no reconozcan la autoridad del Papa y de la Iglesia católica y romana.
