Jesús y la cananea
El encuentro entre Jesús y la cananea, esa mujer extranjera que suplica a Cristo que libere a su hija atormentada. Este pasaje es uno de los más conmovedores del Evangelio según San Mateo. La mujer no pertenece al pueblo de Israel. Se encuentra, por así decirlo, fuera de las fronteras visibles en las que se lleva a cabo entonces la misión de Cristo. Sin embargo, ya reconoce en Jesús al «Hijo de David» y persevera a pesar de su silencio, de la reacción de los discípulos y de la aparente dureza de la respuesta que se le da.
León XIV hace hincapié, en primer lugar, en esa fe que, en cierto modo, precede al encuentro: «Nunca se habían visto, pero la fe ya había germinado en ella misteriosamente». Esta frase constituye, sin duda, una de las claves doctrinales de su discurso. La gracia de Dios no comienza con la acción institucional de la Iglesia. La precede. La teología católica siempre ha distinguido entre la necesidad de la misión visible de la Iglesia y la libertad soberana de Dios, capaz de obrar en las conciencias incluso antes de que se les anuncie explícitamente el Evangelio.
