Jesús y la cananea

El encuentro entre Jesús y la cananea, esa mujer extranjera que suplica a Cristo que libere a su hija atormentada. Este pasaje es uno de los más conmovedores del Evangelio según San Mateo. La mujer no pertenece al pueblo de Israel. Se encuentra, por así decirlo, fuera de las fronteras visibles en las que se lleva a cabo entonces la misión de Cristo. Sin embargo, ya reconoce en Jesús al «Hijo de David» y persevera a pesar de su silencio, de la reacción de los discípulos y de la aparente dureza de la respuesta que se le da.

León XIV hace hincapié, en primer lugar, en esa fe que, en cierto modo, precede al encuentro: «Nunca se habían visto, pero la fe ya había germinado en ella misteriosamente». Esta frase constituye, sin duda, una de las claves doctrinales de su discurso. La gracia de Dios no comienza con la acción institucional de la Iglesia. La precede. La teología católica siempre ha distinguido entre la necesidad de la misión visible de la Iglesia y la libertad soberana de Dios, capaz de obrar en las conciencias incluso antes de que se les anuncie explícitamente el Evangelio.

Es desde esta perspectiva como hay que entender la frase central del Papa: «Su misión viene precedida por la gracia divina que actúa en lo más recóndito de las conciencias». Tal afirmación no significa en absoluto que la misión resulte innecesaria, ya que Dios ya actuaría en todas partes. Eso sería incluso invertir el razonamiento. Si la gracia precede a la evangelización, prepara precisamente al hombre para acoger más plenamente a Cristo.

Por lo tanto, la misión de la Iglesia no consiste en crear artificialmente una adhesión religiosa;

Esto viene a contribuir a una iniciativa que sigue perteneciendo, ante todo, a Dios.

Esta distinción es fundamental en una época en la que la evangelización oscila a veces entre dos tentaciones opuestas: considerar la transmisión de la fe como una estrategia de conquista social o, por el contrario, renunciar a anunciar explícitamente a Cristo en nombre de un respeto mal entendido por las conciencias. El Evangelio de la cananea escapa a ambas simplificaciones. La mujer acude libremente a Cristo, pero acude realmente a Cristo. No se limita a pedir que se le reconozca en su diferencia: reconoce en Jesús a aquel que puede salvar.

Agosto de 2026


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